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¿Por qué puede gustarnos oler bragas usadas?

Photo: Billie on Unsplash

Existen prácticas sexuales que se consideran fuera de lo común y se las agrupa bajo el nombre de kink. El término deriva de la idea de una desviación (del inglés: «torcedura») en lo que respecta a una conducta sexual convencional. Oler bragas y sentir excitación sexual al hacerlo, es considerado un kink. Pero, ¿acaso se trata de una conducta que podríamos denominar como antinatural? Analicémoslo.

Oler bragas usadas implica ceder ante un impulso animal que la sociedad ha considerado como «sucio» y esto se relaciona directamente con la creencia de que las vaginas no deberían tener ningún tipo de olor. Esta creencia se ha convertido en una norma en nuestra cultura, a pesar de ser completamente errónea.

El resultado ha sido una vergüenza y una culpa vaginal generalizadas. Basta comprobar la extensa cantidad de productos que existen para desodorizar los así denominados órganos genitales femeninos. Estos productos de «higiene personal» perpetúan el mito de que una vagina que huele es una vagina sucia, cuando en realidad, todas las vaginas tienen su propio olor natural. Vale aclarar que, en el caso de que ese olor se torne evidentemente desagradable, lo que corresponde es hacer una consulta médica, en lugar de intentar eliminarlo con desodorantes. Ese aroma característico de la vagina que se intenta disimular está programado biológicamente para producir excitación sexual. Entonces, si el persistente olor a vagina es lo que vuelve a algunas personas tan locas por las bragas, ¿es realmente tan extraño olerlas? A nivel social todavía sí, pero a nivel científico, no.

Las feromonas: un afrodisíaco natural

La respuesta rápida a por qué oler bragas excita a algunas personas son las feromonas. Las feromonas son aromas químicos que atraen de forma natural a los animales con fines de apareamiento, ayudándoles a comunicarse y, en última instancia, a reproducirse. Desempeñan un papel fundamental en la fauna salvaje, pero como los humanos no poseen un órgano que las procese, los científicos siguen sin tener claro el papel que desempeñan. Sin embargo, los seres humanos emiten feromonas, que se encuentran en todas las secreciones corporales. Están en los aceites de nuestra piel, en el sudor y también en el flujo vaginal. Las feromonas de una persona contienen una firma única de su salud, fuerza y fertilidad que, según algunos científicos, reconocemos inconscientemente cuando buscamos una pareja sexual.

Investigadores de la Universidad de Texas, en Austin, realizaron un estudio ciego para determinar cómo afectan las feromonas al deseo sexual. Pidieron a una serie de hombres que olieran las camisetas que llevaban las mujeres en diferentes fases de su ciclo menstrual. Por un amplio margen, los hombres calificaron la camiseta que llevaban las mujeres en el momento álgido de la ovulación como la más «sexy» y «agradable».

Todos los cuerpos emiten feromonas, lo que ocurre es que las que se emiten desde la zona vaginal son mucho más potentes. Estas feromonas se llaman copulinas y son la principal teoría por la cual se explica que oler bragas pueda ser tan excitante. De hecho, su nombre se inspira en su efecto sobre el deseo sexual. Estas sustancias químicas súper potentes son más fuertes durante la etapa fértil y tienen el poder de alterar literalmente el hipotálamo masculino y provocar un aumento instantáneo de la testosterona de hasta un 150%.

En pocas palabras, las copulinas provocan una fuerte sensación de excitación y deseo de tener relaciones sexuales. Las bragas usadas no son más que unidades de almacenamiento de copulinas.

El auge de la venta de ropa interior usada

Por supuesto, el atractivo sexual de oler ropa interior usada no es estrictamente científico. Por muy potentes que sean las copulinas, no son el único factor a considerar. Para algunas personas, también puede tener que ver con lo visual y a pesar de que aún hoy este tipo de conducta se sigue considerando un tabú, el mercado de compra y venta de ropa interior usada se encuentra en auge. Quienes nunca han oído hablar de este tipo de negocio pueden sorprenderse, pero dado que a muchas personas les excita la idea de poseer una prenda usada, hoy en día existen plataformas especiales, que se han creado con el objetivo de conectar a los aspirantes a vendedores con los clientes potenciales, donde es posible adquirir no solo bragas usadas sino también sujetadores y panties.

Cada plataforma tiene sus propias características; por ejemplo, Sofia Gray es una web mundialmente conocida que abre sus puertas a vendedores de cualquier género y orientación sexual. Las mujeres suelen tener más éxito en este tipo de negocio, porque la mayoría de los clientes son hombres heterosexuales. Al igual que otras plataformas, exige una cuota de registro para verificar la seriedad de sus vendedores, pero no retiene comisiones de las ventas. En caso de querer adentrarse en este negocio, siempre es conveniente comprobar que la web que se elige está bien posicionada en los motores de búsqueda, no solo para que los clientes puedan encontrarla fácilmente, sino también para evitar posibles estafas y pérdidas de tiempo. El precio promedio de una prenda de ropa interior usada es de 25 euros. En general, la venta de lencería usada no representa un trabajo a tiempo completo, pero puede ser una forma de generar ingresos extra.

Puede que la idea de vender nuestra propia ropa interior o bien interactuar con las prendas de alguien más no nos resulte erotizante, y eso también está bien. Lo importante es comprender que existe tanta variedad de fantasías como personas en el mundo, y siempre y cuando lo que nos cause excitación no perjudique a un tercero, jamás deberíamos sentir vergüenza por aquello que nos proporciona placer. 

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