Sex Academy Blog

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Relato erótico ganador del concurso en versión Castellano

A las afueras.


Esta oscuro, ¡qué manía de dormir con las persianas cerradas y las cortinas echadas! 
La calle quiere entrar por la ventana, el ruido de Madrid se escucha por las ranuras, esta ciudad nunca calla. Yo apenas duermo, por costumbre.

Rara vez cuando sucumbo a los deseos de Morfeo sueño, sueño que duermo.


Esta noche no es distinta.


Siento que está agitada, noto su espalda contra la mía y como crecen sus ganas. El contacto de mis glúteos la excita, me pone como se inquieta de deseo.
Se levanta de la cama, tarda en volver y se recuesta más cerca, de espaldas, más cerca todavía.


Sé que quiere darse la vuelta acariciarme entera, quitarme la camiseta que me ha dejado de «Def con dos» rota a base de quemados de cigarros, a veces fuma como una bestia. 
Me gusta ver como consume el cigarro y frunce los labios, me da una cierta idea de como se desgasta en bocas ajenas.

No aguanta más, se gira y me acaricia, se le escapa aquello que anhela y yo me dejo ir en sus huidas de manos a puertas abiertas. Nos besamos, roces de labios, nuestras salivas se acoplan en ritmos lentos que se alargan revolucionándose acaloradamente por momentos
Ahora me aferra y me toca sin pudor el pecho, los dos a la vez y empieza con su juego de manos circulares, me pellizca los pezones, los dos, también a la vez. 
Le cojo las manos dándole a entender que me encanta como me soba las tetas. Empiezo a ser vulgar, con ella puedo serlo.
Le muerdo el cuello, la espalda, le araño. Nuestros cuerpos son un vaivén y rompeolas a la vez.


No puedo más.


Nos deshacemos, me coge de las caderas quiere sentir como fluyo entre sus dedos, me los mete en la boca y empiezo a chuparlos, los dirige hacía mi vientre y juega con mi deseo, mientras hago lo mismo con ella, no puedo contenerme. 
La respiración se acelera, nuestros jadeos se confunden en una madeja de olores, texturas, sabores, una tormenta de sensaciones.

No hay un final establecido, todo es un continuo hasta que nos saciemos.


-Date la vuelta.


Me giro y me besa, me acaricia los labios con dulzura.


– Eres un poco moñas.


– Contigo puedo permitírmelo.


Al día siguiente nos consumimos, me follaba inundándose en el océano de mis ojos.
El sol no entraba por la ventana, la luz corría desde el centro de la cama, se escurría por las sábanas y llegaba hasta el techo. Aquella habitación rezumaba sexo por cada poro de nuestro cuerpo.

 

By: Anónimo

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