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¿QUÉ ES LA VIOLENCIA AMBIENTAL?¿TE PUEDE HABER PASADO A TI?

Desafortunadamente, la violencia de género sigue siendo un grave problema en la sociedad. Esta violencia refiere a la agresión de un individuo a otro, bien sea a mujeres, hombres o personas que han decidido cambiar su identidad sexual. Conductas o amenazas que se realizan de manera consciente y que pueden causar daño físico, psicológico, sexual, económico o social. Ahora bien, existe un tipo de maltrato, el ambiental, el cual parece pasar desapercibido. 

Este tipo de violencia consiste en romper, tirar o amenazar los bienes que pertenecen a la persona a la que se quiere hacer daño. Algunos ejemplos de ello serían; destruir o dañar aquello que tiene valor afectivo para la mujer o el hombre (animales, objetos, plantas, fotos, recuerdos…), alterar el sueño o reposo haciendo ruido de manera intencionada, conducir temerariamente poniendo en riesgo la vida de la familia o lanzar objetos con ánimo de intimidar.

Llegados a este punto, podrías pensar ¿cuál es la diferencia entonces entre este tipo de violencia y la física o emocional? La diferencia está en que, aunque el objetivo del agresor sea el mismo, intimidar, el ataque no está dirigido directamente contra la víctima. Estos actos, como los de romper algo en mitad de una discusión porque estás enfadado, se han normalizado hasta tal punto, que en la mayoría de las ocasiones lo dejamos correr o lo vemos como un arrebato puntual de la persona. Y, quizás por ese motivo no se encuentre casi nada de información al respecto. 

En el proyecto NEMESIS realizado por Eva Mª de la Peña Palacios se detectó que el 21,76% de los adolescentes en la sociedad española, no consideran que “el hecho de golpear o arrojar objetos durante una discusión” sea conducta violenta. Por lo tanto, estamos observando  que, como resultado de una gradual habituación a una situación como esta, de tensión o violencia, hace que lleguemos a un punto de minimización del problema y, con ello, incapacitarnos para identificar el peligro que está presente. 


Recordemos, la violencia como acción no tiene género. Y como no tiene género, no se la puede clasificar o «etiquetar» como acto propio de un género determinado. Y que además, como hemos contemplado, la agresión, para considerarse abuso o maltrato no tiene por qué estar dirigida excepcionalmente hacia la víctima, sino que se puede ejercer (y se ejerce más habitualmente de lo que creemos) hacia su entorno, consiguiendo el mismo control y miedo que con cualquier otro tipo de maltrato.

Preguntémonos pues… ¿Alguna vez he sufrido este tipo de maltrato y no le había puesto nombre? ¿Lo he ejercido yo sin darme cuenta en algún momento hacia mi pareja o personas de mi entorno? Si alguien me ha contado alguna vez algo así, ¿le he quitado importancia al asunto? 

Dejemos de normalizar estos actos, veámoslo como realmente son. Que este maltrato salga más a la luz depende de nuestros comportamientos e ideas que hasta ahora las hemos considerado “normales” como consecuencia de la repetición, la ideología, la propaganda  u otros medios. Por ese motivo, muchas veces llegamos al punto de considerarlos naturales y se dan por sentado sin cuestionamiento alguno. 

Si lo has sufrido o estás sufriendo, recuerda siempre que no estás sol@. Acude en búsqueda de ayuda siempre que la necesites. Tanto de personas de tu entorno como ayuda profesional. Protégete a ti y a los tuyos, estos actos son el comienzo de abuso físico o psicológico. Y, ofrece ayuda a quienes lo necesiten. Si conoces a alguien que está sufriendo este tipo de violencia, pregúntale si necesita acompañamiento. Escúchale y hazle saber que estás junto a ella o él. 

Claudia Argemi

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