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¿Qué es el fenómeno del Chemsex? 

“Me meto casi todos los días. 4 veces al día. Unos 400 libras por semana. No es demasiado. Ahora solo quiero follar, echar un polvo. Es una locura. Quiero polla, polla, polla, polla”. 

Es una de las primeras frases que se escucha en el documental Chemsex de Filmin. Este fenómeno surgió en la década de finales de los 90 en Londres de la unión de las palabras chems (chemicals = drogas) y sex (sexo). El uso de esta expresión se popularizó, sobre todo, a partir del lanzamiento en 1999 de la plataforma de contactos gais – gaydar.com -, saltando posteriormente al ámbito sanitario, a la literatura científica y a nivel mediático. 

Según los estudios que se hicieron a través del Ministerio de Sanidad en 2020, en la literatura española el Chemsex se define como un uso intencionado de drogas para tener relaciones sexuales por un periodo largo de tiempo entre hombres gais, bisexuales y otros hombres que tienen sexo con hombres (HSH). A nivel europeo, el documento de posicionamiento del 2o European ChemSex Forum, define el Chemsex como: «un tipo particular de práctica de consumo sexualizado de sustancias, entre hombres gais y bisexuales, otros HSH y personas trans y no binarias que participan de la ‘cultura de sexo casual o sin compromiso gay'». 

Cierto es que el uso intencionado de drogas también se observa en otras prácticas sexuales. Sin embargo, es importante comprender que no todo uso sexualizado de drogas es chemsex. Se trata de un fenómeno relativamente reciente que tiene algunos elementos característicos que lo definen: 

  • Se incorporan determinadas sustancias de consumo como la metanfetamina, la mefedrona, el GHB y la ketamina, entre otras. Además, es muy habitual el policonsumo.
  • La mayor duración de algunos episodios sexuales, dando lugar a la idea de sesión que puede durar horas, incluso días y pudiendo implicar tener sexo con diferentes parejas sexuales, ya sea de manera grupal o secuencial.
  • Son habituales las vías de consumo esnifada y fumada, asimismo se incorporan otras vías de consumo, como la inyectada (aunque su uso es minoritario). Un practicante de Chemsex comenta en el documental de Filmin: “No nos inyectamos como la gente adicta a la heroína, sino que hacemos “slamming” y usamos “pins” en lugar de agujas”.
  • El imaginario colectivo de referencias sexuales, códigos, morbos y fantasías, que actúan como engranaje y soporte de las prácticas del chemsex. Se desarrollan patrones de comportamiento sexual concretos como: la sexualización del consumo inyectado y la creación de un género pornográfico en torno al ámbito.
  • El desarrollo y la proliferación del uso de nuevas TICs (tecnologías de la información y comunicación), como las aplicaciones basadas en sistemas de geolozalización (como podría ser Grindr).
    Raúl Soriano, es consultor en salud sexual y experto a nivel estatal en Chemsex, en su investigación titulada «El chemsex y sus vínculos con el uso de aplicaciones de geolocalización entre hombres que tienen sexo con hombres en España: un análisis etnográfico virtual”, ofrece capturas de pantalla en que se puede observar el vocabulario creado para las prácticas de este fenómeno, así como para las sustancias consumidas. Hemos extraído de su estudio estas dos tablas como ejemplo:
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Chill, sesión, colocón… ¿Alguna vez lo habíais escuchado? Además, como ya hemos comentado, las sesiones pueden ser de uno-a-uno, ya sea con una pareja sexual ocasional o estable, puede darse en versión trío o en sexo grupal. También hay quienes lo practican de manera individual con material pornográfico o mientras están en contacto online con otros consumidores (como a través de webcam). 

Y, ¿Dónde se practica? Cuando se hace de forma conjunta, con una o más personas, lo más común es que se desarrolle en casas particulares. No obstante, también se puede dar en locales como saunas, clubs sexuales, hoteles, fiestas en locales privados, cuartos oscuros, festivales o zonas de cruising. 

La entrada en las prácticas del Chemsex puede tender a acelerarse en determinados contextos o situaciones, como cuando tienen lugar ciertos eventos personales negativos: después de un diagnóstico del VIH; después de la ruptura de una relación de pareja; después de la muerte de alguien cercano; después de una mudanza a otra ciudad (normalmente más grande); en el sentimiento de soledad (especialmente en grandes ciudades); así como en el contexto de turismo sexual en HSH. 

La mayoría de los estudios describen varios motivos para la iniciación de esta práctica en que se entremezclan las diferentes situaciones características de la persona: cómo se encuentra a nivel individual, a nivel contextual, a nivel estructural y a nivel comunitario. Algunas de las razones para la iniciación en el Chemsex están relacionadas con la obtención de experiencias sexuales sensorialmente más intensas, consiguiendo una mayor euforia y desinhibición sexual. De esta forma parece que también da menos vergüenza y hay menos juicio al realizar fantasías sexuales o prácticas que podrían ser dolorosas si no se está bajo los efectos de las drogas (como el fisting). También puede darse por la búsqueda de intimidad con otros hombres y el deseo de experimentar situaciones como el sexo en grupo. Muchos lo definen como el efecto de pérdida de los límites personales, de sensación de libertad sexual, profundos sentimientos de conexión y de intimidad emocional: 

Todos están encima de todos, te disuelves en una sudorosa nube de sexo y lujuria. Te pierdes a ti mismo. Lo pierdes todo. Eso es lo más excitante. Entonces todo es felicidad” (usuario de chemsex del Documental Chemsex). 

La problemática del chemsex se focaliza, en primer lugar, en los efectos derivados del consumo de las drogas, ya que aparte de que algunas de ellas crean adicción (como la cocaína y la metanfetamina), para muchas de ellas no hay un antídoto específico en caso de intoxicación o pérdida de conocimiento. Asimismo, el consumo sexualizado de drogas afecta a la percepción del riesgo por lo que aumenta el riesgo de contraer infecciones de trasmisión sexual en tanto que implica la perdida de la capacidad de autocontrol y más euforia. Además, puede suponer una dificultad para establecer límites, rechazar parejas sexuales o abandonar la propia sesión sexual. Iosu Azqueta y Javier Curto, ambos sexólogos que trabajan haciendo intervenciones en el área de chemsex en la ONG Apoyo Positivo, cuentan como hay usuarios que han podido estar hasta cuatro días en una “sesión” sin comer ni beber. Desde su ONG explican que algunas de las demandas que se encuentran tienen que ver con la incapacidad para mantener relaciones sexuales sin sustancias, dificultad para sentir placer en el sexo sin drogas (anhedonia), falta de deseo (o bajo deseo sexual), dificultades para pedir a lxs demás determinadas practicas eróticas si no es bajo los efectos de las drogas o dificultades para ligar y relacionarse social y sexualmente con otros hombres, etc. 

“Al principio el sexo y las drogas eran dos cosas separadas, pero en algún momento se convirtieron en lo mismo y ya no tenias sexo sin drogas ni drogas sin sexo” (usuario de chemsex del Documental Chemsex). 

Toman otro chupito de G, dejan que pasen 10 minutos, y de repente todos vuelven a esa nube sudorosa. Y es genial y es fantástico. Cuando has vivido eso y vuelves al sexo sin drogas piensas, ¿eso es todo?” (usuario de chemsex del Documental Chemsex). 

Estos dos sexólogos cuentan que, al profundizar más en los procesos terapéuticos se encuentran razones más estructurales para la iniciación en el chemsex como forma de desinhibición, como el estigma, homofobia, racismo, edadismo y otras como la homofobia interiorizada, la plumofobia, insatisfacción o no aceptación del propio cuerpo, dificultades con el rol insertivo o receptivo en la penetración anal, etc. 

De otro lado, también tiene que tenerse en cuenta el gran papel que juega el VIH en este contexto. Las medicaciones para el VIH (como los inhibidores de la proteasa) pueden interrelacionarse con algunas de las drogas que se consumen, modificando así la forma en que se metabolizan en el cuerpo. A causa de esto se aumenta la concentración en el organismo de las drogas y, por lo tanto, su toxicidad, lo que es más probable que desemboque en sobredosis (Ministerio de Sanidad, 2020). 

El entramado de todos estos elementos (las sustancias, el sexo y el papel de las tecnologías), de la mano de los factores emocionales como la vulnerabilidad o la soledad, derivan en cuadros complejos de los usuarios, pudiendo necesitar atención de servicios especializados en adicciones, entre otros. 

Hay que tener en cuenta que cada sustancia y cada vía de consumo tienen riesgos diferentes. Así como lo tienen los diferentes patrones de consumo (policonsumo o no, cantidad consumida, frecuencia) y el tipo de práctica sexual. En algunos casos se practica de forma puntual y en otros de forma cotidiana. Por lo que el contexto de la persona y la forma de acercarse al chemsex va a tener unos efectos u otros. 

De entre todas las páginas y estudios consultados sobre el tema, se han recogido una lista de referencias donde se puede encontrar información y prevención, así como puntos de contacto si es necesario (aparte de la bibliografía final), la mayoría enfocados desde la perspectiva de la reducción de los riesgos asociados: 

• https://chemsex.info/
• https://www.chem-safe.org/
• http://gtt-vih.org/aprende/publicaciones/slamming
• http://gtt-vih.org/aprende/publicaciones/guia_chemsex
• https://www.davidstuart.org/chemsex-firstaid-sp
• https://stopsida.org/videos/
• https://apoyopositivo.org/blog/proyectos/practicas-chemsex/ • https://comiteantisidavalencia.org/chemsex/ 

Desde estas asociaciones se recomienda, para las personas con una vida sexual activa la realización de pruebas de ITS al menos una vez al año. Por otro lado, en usuarios de alto riesgo se recomienda el cribado de VIH, sífilis, gonorrea y clamidia cada 3-6 meses y en el caso del virus de la hepatitis C cada 12 meses. La profilaxis preexposición también se contempla como una alternativa para la reducción de daños. 

Si nos encontramos en una situación de riesgo en tanto al chemsex es importante pedir ayuda a profesionales para que nos orienten sobre los pasos a seguir en nuestra situación. Como profesional o como persona cercana a alguien en dicha situación de vulnerabilidad es necesario y muy importante no hacer juicios morales. Al final no podemos olvidar que el chemsex se utiliza en ocasiones como herramienta para lidiar con la angustia, la soledad, para establecer vínculos con los otros, para buscar intimidad. Cuando un usuario pide ayuda para modificar su situación porque tenga un consumo problemático o porque haya tenido una practica de riesgo, tenemos que partir de las necesidades percibidas de ese usuario en específico. Poder ofrecer una atención integral y personalizada en que contemplemos diferentes alternativas terapéuticas, desde la abstinencia hasta la reducción de daños y también poder referenciar ONG, servicios comunitarios, centros de ITS, de adicciones, etc. 

Tiene que procurarse ofrecer espacios de acogida y de escucha que no juzguen ni en relación con el consumo de drogas ni con la sexualidad, solo con esta perspectiva se pueden comprender los procesos por los que alguien está pasando y las necesidades que pueda tener. Pero esto no solo sirve para el chemsex… ¡sino para todos los aspectos de la vida! 

Bibliografía 

Azqueta, I. y Curto, J. (2020). Chemsex contado por sexólogos. De Universidad Camilo José Cela. Disponible en: https://iunives.com/chemsex-sexologos/ 

Fariman, W. y Gogarty, M. (2015). Documental Chemsex en Filmin 

Fernández-Dávila, P. “Sesión de sexo, morbo y vicio”: una aproximación holística para entender la aparición del fenómeno ChemSex entre hombres gais, bisexuales y otros hombres que tienen sexo con hombres en España. Rev Multidisc SIDA. 2016; 4(7): 41-65. Disponible en: http://www.sidastudi.org/resources/inmagic-img/DD29841.pdf 

Ministerio de Sanidad (2020). Encuesta europea on-line para hombres que tienen sexo con hombres (EMIS-2017): resultados en España. Ministerio de Sanidad. https://www.mscbs.gob.es/ciudadanos/enfLesiones/enfTransmisibles/sida/docs/EMIS_Report_07052 020.pdf

Soriano, R. (2020). “Abordaje del fenómeno del chemsex”. Informes, estudios e investigación del Ministerio de Sanidad. Disponible en: https://www.sanidad.gob.es/ciudadanos/enfLesiones/enfTransmisibles/sida/chemSex/docs/CHEMSE X._ABORDAJE.pdf 

Soriano, R. (2017). “El chemsex y sus vínculos con el uso de aplicaciones de geolocalización entre hombres que tienen sexo con hombres en España: un análisis etnográfico virtual”. De Revista Multidisciplinar del Sida. Disponible en: https://www.revistamultidisciplinardelsida.com/el-chemsex-y- sus-vinculos-con-el-uso-de-aplicaciones-de-geolocalizacion-entre-hombres-que-tienen-sexo-con- hombres-en-espana-un-analisis-etnografico-virtual/ 

Soriano, R. (2011) “Prevención del VIH a través de las tecnologías de la información y la comunicación. Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad. Madrid; 2011.Disponible en: https://www.msssi.gob.es/ciudadanos/enfLesiones/enfTransmisibles/sida/docs/ VIH_TIC.pdf 

Escrito por: María Tomàs

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