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Menopausia y sexualidad

Hace poco la madre de una amiga, que ronda los 49 años, me explicó que había ido al ginecólogo a hacerse una revisión. Me contó sorprendida que la ginecóloga le preguntó por sus relaciones sexuales y, ante la respuesta afirmativa de que las tenía con bastante frecuencia, la profesional hizo una mueca de fascinación. También le explicó la anécdota a una de sus amigas íntimas, quién quedó boquiabierta ante la desinhibición con la que decía que contaba su vida sexual.

Me decía Natalia: 

Cuadro de texto: “Tengo 49 años y tengo relaciones con mi marido, al menos, un par de veces por semana, ¿dónde está el problema? ¡Y lo bien que me sienta!
Parece que sea raro, porque la gente se sorprende cuando lo explico, y siento que me encuentro en una minoría respecto a las mujeres de mi edad, cuando es ahora cuando más disfruto de mi intimidad con mi marido, ya que tenemos una mezcla perfecta entre experiencia y juventud, por no hablar de la compenetración y conocimiento mutuo que hemos adquirido con los años.”

Históricamente se ha indagado sobre los aspectos biológicos que atendían a la menopausia, pero, ¿Qué pasa con los otros factores? La representación de las diversas etapas vitales no solo se construye a partir de los procesos biológicos, sino que son momentos que también vienen determinados por la sociedad y la cultura (Van Gennep, 2008; Geertz, 2009 citado en Cárdaba y Cárdaba, 2017). Así pues, con la llegada del periodo del climaterio se producen una sucesión de cambios en la vida de las mujeres que conlleva una serie de factores biológicos, psicológicos, sociales y culturales que, interconectados, influyen en la percepción de la imagen que se tiene sobre la MUJER MENOPÁUSICA y, por ende, en la relación que esta tiene con su sexualidad.

Cierto es que uno de los aspectos por los que se considera que se da inicio a la etapa del climaterio es la desaparición de la edad reproductiva, lo que conlleva una serie de cambios a nivel hormonal que afectan, entre otras cosas, a la imagen corporal de la mujer. Esto se encuentra en una relación evidente con el cambio de rol social que se lleva a cabo en el transcurso de una etapa vital a otra y que condiciona tu estar en el mundo (ejemplo: una persona vieja no puede hacer mostrar su deseo sexual porque no sería digno, mientras una persona joven sí). La asignación de este nuevo rol viene acompañada de la aparición de ciertos estereotipos de género negativos sobre la feminidad y el envejecimiento. La mujer menopáusica se asocia, parece ser que, de forma casi inevitable, a la vejez. Y estas dos categorías unidas tienen una representación cultural muy potente en nuestra sociedad: la mujer menopáusica es vieja; mientras los hombres maduran, las mujeres envejecen. Entre los estereotipos de la vejez también se encuentra el de la pérdida de la sexualidad, relacionado con un aumento de los estados de ansiedad y depresión en mujeres premenopáusicas, por miedo a una etapa desconocida y por la presión social que esta supone.

Natalia me comentaba:

Cuadro de texto: “A lo largo de mi vida mi deseo sexual ha ido cambiando mucho, a veces me apetecía menos, otras más. No siempre tengo que tener ganas tampoco. Es verdad que con la menopausia hay un torbellino de hormonas que te descoloca, pero lo que más me afectó es la imagen social de mujer-menopáusica = mujer-vieja = mujer-sin deseo sexual, como si fuese todo lo mismo. 
En mi caso no ha sido así, pero lo cierto es que lo quise comentar con mi ginecóloga en la revisión, porque es algo que me inquieta: ¿me podrás pasar eso el año que viene? con lo bien que estoy ahora, si puedo hacer algo para evitarlo, quiero saberlo.”

Dice Anna Freixas en Yo, Vieja (2021) que nuestra sociedad idealiza lo joven como icono de lo deseable y estigmatiza la menopausia como inicio del declive imparable. Clara esta la relación que esto tiene con que, tradicionalmente, la apariencia física femenina ha sido fuente de capital social, es decir, la mujer ha tenido que hacer todo tipo de peripecias en su estética para poder adentrarse en el marco de la sociedad (la mujer que encaje dentro de los estereotipos sociales va a ser la que tenga más oportunidades). En el momento en que este cuerpo empieza a transformarse hacia algo considerado como no deseable, la sociedad junto con el mercado capitalista, nos ofrece las primeras estrategias de enfrentamiento al “problema”: el descomunal negocio de la industria antiedad. Esto deriva a que, cuanto más mayores nos hacemos, menos lo queremos aparentar, ya que no interesa ubicarse y sentirse en la imagen social de la mujer menopáusica actual como una persona enferma, fea, desquiciada o que es una carga. 

Hay que matizar que, depende del contexto demográfico y sociocultural en que nos encontremos, las percepciones de las cosas pueden ser totalmente opuestas y la imagen de la mujer menopaúsica resulta muy diferente. El antropólogo Godelier estudió en 1986 a los Baruya de Nueva Guinea, una sociedad patriarcal en que el esperma es considerado fuente de poder. A medida que los hombres envejecen, la cantidad de esperma se reduce, por lo que el poder de los hombres en la sociedad también. Lo contrario pasa con las mujeres Baruya, la autoridad de estas crece cuando ya no tienen flujos menstruales, lo que se observa como una amenaza para los hombres. Otro ejemplo de esto se puede encontrar en el estudio de Marie Lange “Maternidad y sexo” (1987) quien ofrece varios ejemplos de esto como el de los indios Mohawe. Cuando a las mujeres llegan al periodo climatérico no ven limitaciones en su vida sexual, es más, los hombres jóvenes buscan mujeres climatéricas con la intención de tener una compañera con experiencia en las artes amatorias y en los cuidados. Entre los Mohawe, el climaterio hace que la mujer pase a un espacio importante en la organización de la tribu parecido al del hombre. 

En la cultura occidental, la vivencia de la imagen corporal, así como la satisfacción o insatisfacción que sentimos con el cuerpo, se relaciona de forma evidente con el deseo y la erótica, por lo que todos los estímulos negativos alrededor de la menopausia afectan de forma directa a la sexualidad de quien la vive. Anna Freixas (2021) dice que no es la vejez lo que nos amenaza, sino nuestras ideas, nuestras conductas y sobre todo nuestra disposición al conformismo de lo que se supone que es avanzar en edad. Hay una frase de Virginia Woolf que se posa de manera gráfica sobre esto: “No son las catástrofes, los asesinatos, las muertes, las enfermedades las que nos envejecen y nos matan, es la manera como los demás miran y ríen y suben las escalerillas del bus”.

Con la entrada a la menopausia el nivel de estrógenos disminuye y uno de sus efectos es la modificación del cuerpo (la masa muscular magra disminuye mientras que la masa grasa se acumula, especialmente en la zona del abdomen, cambiando la forma de las femeninas curvas de la mujer joven), lo que provoca su salida de los cánones de belleza actuales. Asimismo, el hecho de pensar que la disminución sexual está vinculada a la menopausia hace que sea la propia mujer quién asimila dicho estereotipo, y predispone a que acabe reproduciéndolo en su vida sexual. Tal y como señala Mimoun (Mimoun en Laznik, 2005) la percepción social de la menopausia, junto con las ideas internas acerca de ella y la modificación corporal fisiológica, provocan un círculo interminable: es lo que se llama un efecto del discurso.

Por todo ello, es necesario resignificar las categorías que dan nombre a esta experiencia encarnada por las mujeres para construir estereotipos diferentes de los actuales, facilitando la información necesaria y entendiendo los procesos de la menopausia en un marco más amplio que incluya la visión médica, cultural y social. Así pues, se hacen imprescindibles dos puntos: plantear modelos alternativos para la identidad de la mujer menopáusica y comprender las menopausias de una manera íntegra. Esto permitirá desvincular ideas establecidas y conocer las alternativas existentes.

Tendremos que ser nosotras quienes tomemos conciencia de nuestro cuerpo, de sus necesidades y deseos. Buscar información en profesionales y alternativas de acción para vivir una edad mayor relajada y libre. Identificar y transformar las desiguales relaciones de poder que se hacen en función del sexo y la edad. La idea no es presentar respuestas universales, sino señalar la diversidad da la experiencia del envejecer en unos u otros contextos. Así como coger el espacio que ofrece la menopausia para explorar nuevas facetas de nuestra sexualidad, observando la multiplicidad erógena femenina. 

Bibliografía

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Alva, María Guadalupe (2019). Representación simbólica de la menopausia, subjetividad y sexualidad. Cuicuilco. Revista de ciencias antropológicas, vol 26. Recuperado de http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S2448-84882019000300085

Anna Freixas. (2021). Yo, vieja (192). Madrid: Capitan Swing.

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Dra. Ana Rosa Jurado. (2022). Microbiota vaginal y desequilibrios hormonales. 26/02/2022, de Lactoflora. Recuperado de https://www.lactoflora.es/microbiota-vaginal-y-desequilibrios-hormonales/

Fierro, D.; Rechkemmer, A.; Roman, V.; Fierro, L.; Ruiz, M. (1998). Sexualidad y menopausia. Revista peruana de Ginecología y Obstetricia, 44 (3), 231-238.

Larrosa Domínguez, M., Tejada Musté, R. y Martorell Poveda, M.A. (2020). Influencia de la cultura en la menopausia: revisión de literatura. Cultura de los Cuidados (Edición digital), 24 (56) Recuperado de http://dx.doi.org/10.14198/cuid.2020.56.15

Clavijo, L. (2020). La concentración de ácido hialurónico y la formulación marcan la diferencia entre los hidratantes vaginales. 28/02/2022, de El Médico Interactivo. Recuperado de https://elmedicointeractivo.com/la-concentracion-de-acido-hialuronico-y-la-formulacion-marcan-la-diferencia-entre-los-hidratantes-vaginales/

Laznik, Marie-Christine (2005). La menopausia. El deseo inconcebible. Nueva Visión. Buenos Aires.

Torres Jiménez, A., Torres Rincón, J. (2018) Climaterio y menopausia. Revista de la Facultad de Medicina de la UNAM, Vol. 61, nº 2. Recuperado de 2448-4865-facmed-61-02-51.pdf (scielo.org.mx)

Cárdaba, R.M., & Cárdaba, I. (2017). Concepción sociocultural del climaterio en Occidente. Cultura de los cuidados (Edición digital), 21 (49), 108-114. Recuperado de CultCuid_49_12.pdf (ua.es)

Artículo por: María Tomás Cano

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