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“MALE GAZE” VS. “FEMALE GAZE”

“MALE GAZE” VS. “FEMALE GAZE”
La popularización del «female gaze» (mirada femenina) ha sido un fenómeno notable en los últimos años, especialmente en el ámbito del cine y la cultura popular. Este concepto ha ganado relevancia en respuesta a la crítica y la conciencia cada vez mayores sobre la representación de las mujeres en los medios de comunicación.

¿Pero qué es esta “female gaze” y qué tiene que ver su contraparte, la “male gaze”?

¿QUE SÓN?
La mirada masculina o “male gaze” y la mirada femenina o “female gaze” son conceptos críticos que arrojan luz sobre la forma en que las mujeres son retratadas en los medios de comunicación y la dinámica de poder que subyace a estas representaciones.

La prevalencia de la mirada masculina en los medios de comunicación de masas, ha sido durante mucho tiempo objeto de escrutinio en el discurso feminista. Perpetúa una visión unilateral y a menudo superficial de las mujeres, reduciéndolas a objetos de deseo para consumo masculino. Esta omnipresente representación no sólo refuerza estereotipos perjudiciales, sino que también contribuye a una cultura que cosifica y mercantiliza el cuerpo de la mujer. Por el contrario, la aparición de la mirada femenina significa un cambio hacia una representación más matizada y auténtica de la mujer.

Esta perspectiva trata de captar la complejidad de las experiencias femeninas, ahondando en su mundo interior, sus aspiraciones y sus luchas. Pretende empoderar a las mujeres mostrando su agencia, su autonomía y su variada gama de
emociones. A través de la mirada femenina, las mujeres dejan de ser sujetos pasivos a merced del observador masculino y se convierten en participantes activas de sus propios relatos.

DIFERENCIAS
Una de las distinciones más profundas entre estas miradas radica en su tratamiento de la belleza y la deseabilidad. La mirada masculina se fija en la apariencia física, a menudo adhiriéndose a estándares de belleza estrechos e idealizados. El resultado es una representación sesgada de la mujer, que da más importancia a los rasgos externos que a la profundidad interna. Por el contrario, la mirada femenina desafía estas convenciones, abrazando un espectro más amplio de belleza que va más allá de las normas convencionales.
Celebra la individualidad y la diversidad, reconociendo que el valor de una mujer no viene determinado únicamente por su apariencia. Además, la mirada masculina perpetúa los roles de género tradicionales, relegando a las mujeres a papeles pasivos y ornamentales. Esto refuerza una dinámica de poder en la que los hombres dominan el cuerpo y la sexualidad de las mujeres. Contribuye a un marco patriarcal profundamente arraigado en la sociedad.

La mirada femenina, en cambio, se esfuerza por desmantelar estos desequilibrios de poder. Trata de proporcionar una plataforma para que se escuchen las voces de las mujeres, reconociendo su agencia y autonomía a la hora de dar forma a sus propias narrativas.

AUGE DE LA “FEMALE GAZE”
Uno de los principales beneficios de la mirada femenina es su capacidad para mostrar diversas representaciones de la mujer. En los medios de comunicación convencionales, las mujeres suelen ser retratadas como personajes unidimensionales cuyo único propósito es complacer a los hombres. Sin embargo, con el auge de la mirada femenina, ahora vemos representaciones complejas y polifacéticas que reflejan experiencias de la vida real. Esto no sólo permite una mayor representación, sino que también fomenta la empatía y la comprensión entre los espectadores.
Además, la popularización de la mirada femenina desafía la dinámica de poder tradicional. Al desplazar el centro de atención del placer masculino al deseo femenino, trastoca las normas patriarcales que han dictado durante mucho tiempo cómo se debe ver y tratar a las mujeres.
Este cambio empodera a las mujeres dándoles poder sobre sus propios cuerpos y narrativas. Los detractores sostienen que adoptar la mirada femenina puede conducir a una inversión de la desigualdad de género o incluso a la cosificación de los hombres. Sin embargo, es importante señalar que promover la igualdad no significa menospreciar a un género en favor
de otro, sino buscar el equilibrio y la inclusión.

CONCLUSIÓN
En conclusión, la mirada masculina y la mirada femenina representan dos perspectivas distintas de la representación de la mujer en los medios de comunicación. Mientras que la primera perpetúa la cosificación y refuerza los roles tradicionales de género, la segunda lucha por una representación más auténtica y empoderadora de las experiencias de las mujeres.
Reconocer y comprender estas diferencias es crucial en la búsqueda de un panorama mediático más inclusivo y equitativo. Desafiando y, en última instancia, desmantelando la omnipresente influencia de la mirada masculina, podemos trabajar por una sociedad en la que todos los géneros sean respetados y representados con dignidad y autenticidad.

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